Ludovica y los Estados Unidos: amor a primera vista

Date: 
Lunes, Abril 9, 2018

Ludovica Centro nos cuenta su experiencia como estudiante-atleta en USA  donde actualmente reside en forma permanente. Se recibió en Ciencias Forenses en Long Island University – C.W.  Post di New York y con un minor (ver el glosario) en Química. Su pasión por el volley la llevó a visitar USA y ahí se dio cuenta de cuál sería su futuro.

El inicio de la aventura americana
Desde mi infancia soñaba con ir a vivir a algún lugar en el extranjero. La idea de ir a América nació después de un viaje realizado en el 2009 con Volleyro a Miami y Fort Lauderdale.
Por primera vez en mi vida me encontré a miles de kilómetros de casa, jugando en esta gigante centro de convenciones con cientos de equipos provenientes de todos los rincones de USA y también de Puerto Rico y República Dominicana.
En ese viaje fuimos a vistar la Universidad de Miami y ahí quedé fulminada. Recuerdo que después de aquella visita no hacía otra cosa que preguntarle a Jesica que debería hacer para poder convertirme en una estudiante-atleta.


La vida americana de un estudiante-atleta
El apoyo que recibí de la universidad, profesores, fisioterapeutas y compañeros nunca me lo hubiera imaginado.
De todos modos ser un estudiante-atleta –no para ser una snob- te lleva a formar parte de una elite, sobre todo cuando tenes un buen promedio. Los profesores no tienen problema en consentirnos cuando les pedimos cambios de entregas o de fechas de exámenes por partidos o entrenamientos.
Los fisioterapeutas están siempre disponibles, desde las 6 de la mañana e incluso durante la pretemporada o si hay entrenamientos en la playa.
Los compañeros te ven como una especie de “monstruo”, porque por un lado cursas y en el entretiempo pasas horas en el gimnasio en vez de estar estudiando, pero a su vez son los primeros que te vienen a alentar y que te dan sus apuntes cuando faltas a una clase. Un sistema que yo no había visto en Italia.
Esta experiencia me ha  convertido en la persona que soy hoy, con una gran apertura mental.
He jugado y estudiado con personas de muchos países y culturas diversas y también tuve la fortuna de experimentar tradiciones y costumbres que no conocía. Todo esto me fortaleció mentalmente.
La distancia de casa te lleva de algún modo a arreglártelas sola cuando se presenta un problema. Todos los suicides (ver el glosario) que nos hizo correr mi entrenadora  me llevaron a tener la mentalidad  de “retroceder nunca, rendirse jamás”.


Cansancio y gratificación: dos momentos inolvidables
En particular hay dos episodios de mi experiencia que no olvidaré. 
El primero es mi primer día de pretemporada, era una sophomore y recién me había transferido de otra universidad. Fuimos a la playa a prepararnos físicamente y yo pensé “qué bueno, será duro pero divertido”.
Pero literalmente “he visto la muerte”. Más allá de todos los ejercicios de salto, etc, tuvimos que hacer suicides cronometrados en la playa. Si no los hacíamos dentro de una determinada cantidad de segundos, todo el grupo debía continuar corriendo hasta que lo consiguiéramos.
Todas tuvieron que dar muchas vueltas corriendo por mi culpa y la de otra compañera. Pero ella en un momento se escapó al baño y no salió hasta que terminamos, pero yo me quedé y continué. Finalmente terminamos, pienso que más por piedad de la entrenadora que por haber hecho realmente el trabajo en tiempo.
Al final del entrenamiento me sentía humillada y empecé a disculparme con todas, incluso con la coach (obviamente mientras lloraba desesperadamente). La coach me llevó aparte y me dijo que debía dejar de disculparme y estar orgullosa porque no había desistido y lo había logrado.
Durante todo el tiempo el equipo estaba ahí para alentarse y recargarse mutuamente, porque todos queríamos la misma cosa. Es una sensación extraña de describir, pero se siente una recarga y una fuerza diferente cuando sabes que estás alentado por otras 11 personas.
El segundo episodio fue cuando ganamos la Conference (ver glosario). De esa tengo poco que agregar. Nunca había sucedido que el programa de volley de la universidad ganara la Conferencia, por lo tanto fue una emoción única por muchos motivos. Todo el trabajo de dos años recompensado en menos de dos horas.


Vivir el volley en América
Los americanos están super identificados a su universidad, también yo. Para ser sincera, yo siempre estuve más ligada a las personas con quienes he compartido mi experiencia universitaria que a la universidad o al lugar físico donde estaba.
Afortunadamente mantengo siempre el contacto con amigos con los que he compartido cursos y a pesar que mi entrenadora se transfirió a Hawai, continuamos en contacto y me ha invitado a jugar un importante torneo en Honolulu.
Conseguí también mantener contacto con mis excompañeros de equipo y hace poco fui a visitar a dos de ellas en Texas.
A nivel deportivo encontré muchas diferencias a partir de las reglas de juego. En América las reglas del voley son diferentes. Para decir un par, si por ejemplo la pelota toca el techo se puede seguir jugando y la libero puede también sacar. Cuando se lo conté a una de mis excompañeras de Italia, para ellas era de no creer.
Las reglas, los entrenamientos y la preparación atlética son totalmente diferentes. La mayor parte de las jugadoras son formidables deportistas, desde un punto de vista atlético, pero no tienen la misma habilidad técnica que vi en Italia. Aquí en América la preparación atlética es fundamental. El juego es más veloz y tratan de acelerar el juego mucho más. Además a veces te encontrás con que hay que jugar torneos donde hay dos o tres partidos al día y durante la semana haces más de un partido de campeonato. Si no estás preparado atléticamente es el fin.


Una experiencia de vida
Esta elección de convertirme en una estudiante-atleta en USA representa una de las experiencias más bellas y más duras de mi vida, pero sin dudas lo repetiría todo otra vez si pudiera.
Las lágrimas durante los entrenamientos, estar totalmente inhibida con el idioma, apenas llegué (a veces me hacía entender con gestos), la distancia de la familia y amigos, el tener que relacionarme con una cultura muy diferente a la italiana, son todas cosas que a 7 años de distancia me doy cuenta que fueron necesarias para mi crecimiento como persona y como deportista y fueron todas recompensadas ampliamente.
Soy ahora bilingüe (casi hablo mejor inglés que italiano) y también por la gran influencia mejicana y centroamericana, aquí presente, hablo también español. Mis padres me vienen a visitar a menudo y yo voy un par de veces al año a Italia. La cultura americana se ha fundido con mi cultura italiana y desde hace tres años tengo la residencia americana.
Una cosa extraña es que cuando vuelvo de un viaje fuera de USA, en inmigraciones me dicen siempre “Bienvenida a casa”.
En mi trabajo me encuentro muy bien y espero conseguir crecer profesionalmente en la empresa donde estoy trabajando.
Por ahora continuo jugando solo voley indoor. La próxima semana tenemos los play off de nuestra liga, pero ahora que está llegando el verano tengo amigos que están intentando convertirme en una jugadora de beach volley.